En el libro de la vida está escrito que en general siempre es más fácil negar que algo anda mal. Es más fácil negar lo innegable, hacerle caso omiso a eso que es tan evidente y seguir adelante tolerando y soportando eso que anda mal. Se dice que es más fácil desenfrentar la realidad porque es menos doloroso y es hasta más llevadero que aceptar que tenemos que tomar una decisión inmediata y decir ya basta. Al fin y al cabo los momentitos felices son los que importan y las mijagas de cariño son soportablemente sabrosas.

Escapa a mi entendimiento el porque es tan dificil hacerle frente, al borde que preferimos no hablar al respecto en la medida posible. Quizás sea el miedo, o el evitar mostrar algún signo de debilidad o simplemente porque sabemos que si iniciamos la corrección de eso que es tan evidente, nos esperan sentimientos dolorosos que preferimos evitar, porque es como dije, seguir viviendo en la negación nos trae momentos superficialmente felices mientras no nos acordemos de la verdad. Y por ese miedo no sólo permanecemos al lado de una persona que nos hace sentir infinitamente infelices, sino que además continuamos viviendo en un círculo vicioso que nos aparta de un mundo que quizás tenga un arco iris lleno de color.
A fin de cuentas se trata de nosotros mismos, de nuestros sentimientos, de dejar de sentirnos infelices conformándonos con mijagas de amor teñidas con falsedad, de llegar a un punto medio, de conciliar y de llegar a un acuerdo con uno mismo. Y es que es innegable que todos cometemos errores y aveces muy gordos, pero nuestra felicidad es primero.

Todas soñamos con el chico que nos haga felices, que corresponda a nuestro amor y que por más gordos o flacos que sean sus defectos y virtudes, sea nuestra compañía en busca de la felicidad mutua, que comparta con nosotras una relación libre y sin prejuicios, un amor honesto y puro.
Uhmm no lo sé.

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