miércoles, enero 19, 2011

Del viaje.

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Días atrás cuando la grisocidad y todo lo demás invadían mis días y fortalecían aquella pared de hierro incandescente, tenía un propósito (uno sólo). Con todo y eso (y todo lo demás), me embarqué en el submundo llamado transición y por primera vez desenfoqué mi mirada hacia luces desconocidas que empañaban las resinas de mis anteojos y me envolvían en una nube de algodón (y de niebla). Cantamos bastante de gesta por tres veces consecutivas. Tres viajes hacia la capitaleña Lima (más lejana con cada acorde). Solía detestar la sola imagen que plasma como esfinge a Odina dentro de la maleta y a Odin en su mueble mientras desaparecía mi reflejo en sus tristes ojos. Buscaba la residencia dermatológica en España o más bien buscaba un “fonema onomástico desde el primer compás” (a lo luthiers) aunque parecía ser más un épico periplo para mi mundo medicológico (de-limitada tonalidad blanco-amarillento).

Los términos medicológicos reaparecieron pero esta vez con una embriaguez abrupta y unipersonal. Aprecie los altos estudios de medicina desde el otro lado de mi mirada, desde mi reflejo al otro lado del escritorio. Para su ejecución, la HTA apareció de segundo tiempo. Turbulencias en mis neuronas y en sus sinapsis, pincelaron (de alguna manera) figuras negruzcas que danzaban con un ritmo arrítmico, terminando por definir la intención de la escribidora.

Residencia medicológica con aires capitaleños y algo rebagliatezcos. También una emotiva búsqueda, también un épico periplo en JA mayor. Bueh, a pesar de todo y a manera de remembranzas posteriores, así ocurrieron las cosas (tradicionalmente).

Rediseñamos la intención, pero continuamos con el épico periplo de tonalidad blanco-amarillenta. He aquí el propósito de los brevísimos viajes capitaleños: tres hasta hoy (o más bien ayer) – rotaciones externísimas cruzando el charcote y hasta el íntimo deseo de homologar el título.

El primer viaje hacia el cielo gris panza de burro (como Platero) capitaleño fue el más difícil, el más percudido, el más pueril. Desconocía todo. Nunca antes sola. Yo y mis miedos y mis añoralgias y mi vulnerabilidad y mi airosa inutilidad y Les Luthiers. oH vaya!. … Fueron dos o tres días extremos (sin serlo). Aunque pese a todo o pese a nada y toda vez que por necesidades importantes sea necesario… Que se repita. Conocí el consulado español, la Asamblea Nacional de Rectores, Migraciones, Relaciones Exteriores y los lares miraflorinos con los gatos del parque Kennedy.




El segundo viaje, más de lo mismo pero con menos inutilidad. Dos o tres días con ciertas versiones extremas de su predecesora, el señor Italo y toda su amabilidad, y un nuevo lugar: Ministerio de Educacion.

El tercer viaje, el nuevito. Aborde el siempre seguro bus. La misma melancolía de aquellos días de transición se apoderaron de mi. Un beso y un abrazo tras mi solicitada (bi) bendición. Los mismos miedos y esa misma sensación de añoralgia. Lima me esperaba, quizás y sin voluntad propia en sus calles Miraflorinas. Las nocturnas calles me recibieron y la Lucha Sanguchera era la misma de aquellos días. 4 días bellos y multicolores de (sin) compañía y un Old Bar inesperado, dulce y revelador.





Hoy, de vuelta en Trujillo querido.
Gracias a Dios vuelvo a tu lado (mi bello amor), aparentemente sana, junto a mi familia, con trabajo y harto por leer (aún).
 
Todo esta bien.
 


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1 comentario:

Guillermo Inostroza dijo...

Te adoramos y queremos cerca, muy cerca.
Y donde vayas te seguiremos con el corazón.