domingo, abril 03, 2011

Yo respirando.

.
Sí a ti te hablo,
a ti y a tus pestilentes brazos.
Sí, a ti te hablo,
a ti y a tus maldades pueriles.
Sí, te hablo a ti,
y a tu arrogancia
y a tus lodazales
y a tu inmodesta credulidad.

Sintiéndome segura como nunca antes,
anunciaste tu llegada una vez más.
Y apareciste sólo para arrebatarme la respiración,
como nunca antes;
y apareciste sólo para tomar mi pecho
lleno de aire y de amor,
y apareciste sólo para conquistar mi alma
llena de vida y de él.

Llegaste y te veías diferente,
más horrendo que de constumbre
y con más garbo que lo habitual.
Llegaste expeliendo un olor
incandescente a queja y arrebato,
y te veías diferente,
esta vez venías como con prisa
e insatisfecho con tus garras rojas, 
como si tu irrefrenable y compulsivo gusto por quitarme la vida
se te arrebataran de las garras rojas,
de tus rojas garras llenas de ira,
de tus garras rojas llenas de hambre.

Sí a ti te hablo,
a ti que intentas arrebatarme con gloria
mis pensamientos mínimos de cada mañana
y la sensación de estar dormida aún despierta.
Sí, te hablo a ti,
a ti que lograste inundarme en desaliento,
a ti que conseguiste un intercambio equivalente
con la angustia y con el miedo.

Te hablo a ti,
inmunda muerte
que no conseguiste
inundarme en tu lodazal,
te hablo a ti,
a ti,
a ti  frialdad, prurito y desesperación
x dos x tres ... x seis,
que se retiran como lo enemigos del sétimo regimiento,
sin gloria y con resentimiento.

Sí, te hablo a ti
y a tu imposibilidad de quitarme la respiración.

 


Sí te hablo a ti inmunda muerte, que a través de tu muro de concreto, inspiras y expresas una simple palabra: Apestas!.


Pensamientos máximos resplandecen cuando repaso el día de ayer y, cuando admito que las implicancias de los cambios de pensamiento y de alimento, me resultan extravagantes, paradójicas y hasta estrambóticas.

Un error, un descuido, un "no me di cuenta" y la vida se termina. Así de simple, así de complejo.

... Y desde la brillantez y redondez de la luna clara, volví a respirar, gracias a ti mi amor. Y gracias Dios, por devolverme la vida, porque la adrenalina y la hidrocortisona existen, por la vida de mi padre y, porque me regalas un nuevo día lleno de aire y de respiración.

Yo respirando.



...

1 comentario:

Guillermo Inostroza dijo...

No lo creí hasta que lo vi... Cuidaré de ti mi amor preciosa. Que aquél maligno no vuelva a parecer.
Que exquisito leer tus escritos.