domingo, febrero 06, 2011

La niña del violín.

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Solía preguntarme si mi violín era capaz de desprender los sonidos más sublimes y "desgarradores" (a lo luthiers) que comuniquen el sentir que callaba. Aveces me preguntaba si los demás eran capaces de entender lo que mis endentros trataban de explicar. Eran tiempos antiguos y algo lejanos cuando creía que la palabra hablada no había sido creada para mi, por lo que no me quedaba más que plasmar mis pensamientos suburbanos en un papel y con un lapicero de la mano, racionalizar y explicar paramétricamente, y finalmente repetir una y otra vez que será mejor así: intentando melodías con mi violín.

Tengo miedos y no los transmito como tal, sólo los digo y espero se entiendan así.

Tengo casi 25 años, soy médico cirujano serumista y los demás suelen decirme "que jovencita". Me gusta pensar que mi juventud no sólo es la causante de mi inexperiencia ("medicológica y vivística"), sino que además es la razón por la que aún no comprendo ciertos actuares maliciosamente pueriles de la gente mayor que yo. Esta vez no fue la excepción, aquella señorita de los hábitos olvidados se unió a la larga lista de los tienen una exclusiva facilidad para estimular mi centro emético. Debo resaltar que esta vez algo fue diferente, quizás tu presencia dibujó en mi la única sonrisa capaz de liberar mi tranquilidad y algo más. Noté que mis endentros se mofaron de caracteres humanoides con rasgos engreidos y un tanto fanfarrones a lo forzado y algo intelectual sin serlo. Sentí enojo porque ella vomitaba frases llenas de ira hacia ti que en realidad encerraban envidias y hasta intentos fallidos por desacreditarte ante mi como profesional y como ser humano. Tú me habías contado que era insoportable, yo no lo creía, ahora lo entiendo: es antipática y me gusta creer que tamién es "sin amigos". Siento pena por aquella superpoderosa dueña de la verdad pueril e imaginaria, que menos mal no sabe nada de medicina sino intentaría desacreditar mis conocimientos como lo quizo contigo. Aún aprendo en mi relativa chiquititud. Aún hay gente que trata de evadir mi "joven mirada".

Tengo miedos y no los transmito como tal, sólo los digo y espero se entiendan así  (o al menos eso creía).



Te extraño mi amor.

 
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