
Es evidente que vivimos una vertiginosa época de avances medicológicos. Y que, además, esos avances multiplican su celeridad por la coincidencia en su apología de los medios de comunicación. Apenas se esboza una posible ventura, los medios se erigen en profetas y pregonan "sin ton ni son" las excelencias que se pueden derivar de esa incipiente probabilidad.
El último ejemplo lo tenemos en la vacuna RV 144 contra el sida. Cuando se lee la realidad de la investigación y las dudas que los propios científicos arrojan sobre esa nueva “inmunización” no parece que haya muchas dudas acerca de que no se trata realmente de una vacuna sino simplemente de un mero intento novedoso. La carga viral, por ejemplo, es la misma en los infectados vacunados que en los no vacunados y la diferencia entre los vacunados y los que recibieron placebo es mínima. Con estas premisas, hablar de “nueva vacuna” es cuando menos un sueño que no conecta con la vida real, pero muy ampliamente vendida como tal.
Sin duda alguna, ciertos estudios médicos adolecen de imprecisión, de sesgos, de incompletitud. Lo cual no tiene nada de malo ni sorprendente porque es parte del proceso llamado conocer; el problema surge con la necesidad de fomentar la lectura crítica de la información médica. Obviamente hay, por supuesto, muchas otras circunstancias, desde la falta de filtros (wikipedia, tuotromédico, mimédico.com, etc), de conocimientos del periodista a la precarización del oficio de informar que conducen a la distorsión y la desinformación; y ni que decir de las famosas prescripciones a cambio de obsequios, pago de asistencia a congresos y pagas extraordinarias superiores a las oficiales que les adjudican a fin de mes un sobre cerrado con cierto porcentaje monetario por examen solicitado; pero no es el momento de ahondar en ellas.

Las noticias médicas se han convertido en el destilado final de un sofisticado engranaje promocional en el que participan investigadores, clínicos, laboratorios, centros de investigación, revistas médicas, asociaciones de pacientes, sociedades científicas y sus intermediarios. El periodismo médico está siendo devorado por esta maquinaria promocional a golpe de comunicados de prensa. Es tan fácil como débil intelectualmente echar la culpa al periodista de las exageraciones, de la falta de rigor y de la banalidad, pero lo cierto es que la comercialización de la información infiltra todo el proceso de la comunicación médica.
Christopher Bartlett en el 2002 publicó en BMJ un estudio donde mostró que el 100% de las noticias médicas publicadas en dos periódicos británicos tan diferentes como el Times y The Sun durante 1999 y 2000 estaban basadas en press releases. Así el tiempo está dando la razón al New England Journal of Medicine, la única entre las principales revistas médicas que no ha elaborado comunicados de prensa semana tras semana para no condicionar la agenda de los periodistas, lo que sin duda le ha restado visibilidad mediática y los supuestos beneficios que lleva emparejados.

Si no se remedia, el periodismo médico será engullido por la comunicación. Contra lo que se cree, prevenir no siempre es mejor que curar, y este es el caso de las exageraciones en el periodismo médico. Son difíciles de prevenir sencillamente porque hay demasiados intereses en juego. Por eso, es vital que el periodismo médico que todavía queda se concentre en ofrecer herramientas para la lectura crítica de la información. Y es necesario también que los médicos fomenten este escepticismo informativo entre sus pacientes.
¿Es demasiado buena o demasiado mala esta noticia como para ser cierta? ¿Me afecta esta noticia o se refiere a estudios en ratas? ¿Da cuenta de un trabajo publicado en una revista de prestigio o de un estudio preliminar presentado en un congreso? Este es el tipo de preguntas que todo paciente o lector debiera hacerse. Las exageraciones están al servicio de muchos intereses, los medios deberían explicar las dificultades de la información médica y ayudar a la gente a ser consumidores exigentes de noticias. Esta es la responsabilidad compartida que tienen médicos y periodistas.
¿Y en cuanto a los blogs? Léanlos sin piedad y con tanto o más escepticismo.
Medicina basada en evidencias.
Publicidad médica basada en evidencias.
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