martes, marzo 16, 2010

De la pequeña niña y la Poesía Conversacional.

.
De la pequeña niña. ...

Son ya dos décadas y algo más, y aún recuerdo lo bonito de mi hogar dulce hogar: El departamento 201. Ese 201 estaba (bueh aún está, sólo que inhabitado) en el segundo piso de un edificio algo antiguo y poco cuidado. El 201, de color verde en su interior, diariamente nos regalaba una mónotona vista a las calles de Mansiche y me permitía ver tras su ventana la partida de mi papá cuando se dirigía a trabajar mientras yo le suplicaba que no se vaya a viva voz, y es que pensaba en mis endentros que no volvería nunca más; seguramente mi madre se daría cuenta porque la recuerdo entreteniéndome con mis pitufos hasta que mi padre haya marchado, ella dice que lloraba (de eso no me acuerdo, pero seguramente era así, bueh era una pequeña niña).

Recuerdo salves y glorias de mis casi 6 primeros años viviendo en mi antiguo hogar. Quizás y por tratarse de una pequeña niña (aún poco pensante), recuerdo sólo flashes de genialidad como el retorno a casa trás una visita al parque: yo con flores en la mano y subida en los hombros de mi padre y mi hermano de la mano de mi padre; ya cuando llegabamos esas flores se las dabamos a mi mamá y ella los ponía en un jarrón floreado y que me gustaba mucho.

Recuerdo el momento en que bajaba las escaleras casi gateando porque me aterrorizaba la sola idea y más aún después de mi estrepitosa caída con el triciclo de los ositos cariñositos. Ah! y recuerdo con angustia el pedaño cuadrangular de las escaleras que llevan al tercer piso, lo recuerdo así porque dejaba ver lo que yo consideraba la entrada a la casa del cuco, que no eran más que tres ventanales de dificil acceso.

Recuerdo como por recortes la visita al departamento 207, allí vivía una señora anciana, nunca supe su nombre o nunca pregunte (lo haré después), pero la imaginaba como el episodio del Chavo del 8 en que entra a casa de doña Clotilde y la ve como una bruja. Recuerdo haber tomado te o algo parecido en una taza muy particular transparente. Recuerdo ver a mis papás hablando con ella y yo observando sus adornos tratándo de encontrar algo que desenmascare a la bruja de mi imaginación. No encontré nada. Creo que la recuerdo así como una bruja porque salía de su casa para decirnos (a mi y a mi hermano, los únicos niños del segundo piso) que no jugaramos y también porque veía mucho al Chavo del 8.

Recuerdo los tiempos de aprender el arte de andar en triciclo (remedo de bicicleta que nunca aprendí a manejar). Le habían comprado un triciclo a mi hermano (de hecho participó con ése en un concurso y ganó), era un triciclo de esos de fierro con un asiento para el conductor y otro atrás de él para el pasajero, yo siempre era el pasajero. Bueno imagino que habré pedido el mio o algo parecido porque al final me compraron uno de los ositos cariñositos, era de un solo asiento con sus pedales y un timón con bocina incluida. Para aprender no había mejor sitio que el patio del edificio algo antiguo y poco cuidado (seguramente había otro mejor pero nunca uno más seguro como ese para mis padres). Ese patio fue remendado por mi papá, lo recuerdo parchando con cemento (o algo parecido) los baches que tenía el piso, quedando bien bonito rectangular con un piso rojo y paredes con puertas iguales a la del 201. Para mi era una pista de carreras, allí aprendí a manejar triciclo guiada por mi papá y por mi hermano, ya luego cuando dominaba un poco era tiempo de retar y comparar habilidades y destrezas con mi hermano, yo siempre perdía, decía que mi triciclo era más chiquito y yo también. JA!. Luego me caí por las escaleras en esas regresadas durante la carrera y bueh apareció el horror que se esfumó cuando nos mudamos a Bs. Aires, mi actual hogar.


De la poesía conversada. ...

Cuando era una niña pequeña y aún vivía en Mansiche, tenía (bueh aún las tengo) una peloncita, una muñeca fresita de ese material que nunca recorde su nombre (muy especial porque es mi primera muñeca), mi TopoGigia (ando en busca incanzable del TopoGigio, pero nadie vende! GR!) y mi infaltable osito cariñosito azul. Con ellos jugaba, ya luego me regalaron ollitas y cocinas de juguete pero casi no me gustaban. Lo que si me encantaba jugar y de una forma muy imaginativa era a la tiendita. Imaginaba o bueh en ese momento creia que asi era, que mis muñecos eran mis clientes y les ofertaba los discos de música de mi padre (esos discos grandes negros enormes para una pequeña niña) o sus libros de medicina (recuerdo que los abría, veía las imagenes mmm raras y los cerraba - ¿Qué serán?- me preguntaba - sólo sabía que los clientes lo querían); incluso tenia billetes hechos de papel y monedas de verdad de esas antiguas, todo guardado en una caja registradora que era mi lonchera. JA!.

Lo cierto es que ese día fue la primera vez que vi el disco de Silvio Rodriguez. No lo escuché pero su carátula me llamó la atención: Un unicornio y una niña. Tenía 5 años. Imagine que era mi unicornio (o el caballito de shira) y yo era la pequeña niña. Tiempo después volví a ver ese disco, mi papá lo estaba escuchando. La canción era muy triste el señor buscaba a su unicornio. Muchos años después, ya cuando existían cds, volví a escuchar esa canción y otras más y, algunas más que no entendía.

Hoy que recuerdo ese vinilo, quiero expresar en este mi espacio personal que Silvio Rodriguez hace de sus melodías una poesía cantada, una poesía conversacional con sonidos de cuerdas y una voz con mucha inspiración, como "Historia de la Silla".


"Lo De Más".
Lo de menos son todos los secretos que intuyo,
huelo, toco y siempre te respeto.
Lo de menos es que jamás me sobres,
que tu amor me enriquezca haciéndome más pobre.
Lo de menos es que tus sentimientos no marchen en horario con mi renacimiento.
Lo de menos es larga soledad,
lo de menos es cuánto corazón.
.
Lo que menos importa es mi razón
lo de menos incluso es tu jamás,
mientras cante mi amor intentando atrapar las palabras que digan lo de más.
.
Amoroso, de forma que no mancha,
en verso y melodía recurro a la revancha.
Mi despecho te besará la vida allá donde más sola o donde más querida.
Donde quiera que saltes o que gires habrá un segundo mío para que lo suspires.
Es la prenda de larga soledad, es la prenda de cuánto corazón.
.
Pajarillo del fin de mis dos rosas,
espántame los golpes y no la mariposa.
Ejercita tu danza en mi cintura,
aroma incomparable, oh pan de mi locura.
Con tu cuerpo vestido de mis manos haré una nueva infancia,
al borde del océano.
Desde el mar te lo cuento en soledad,
desde el mar te lo lanza un corazón.
.
Lo que menos importa es mi razón
lo de menos incluso es tu jamás,
mientras cante mi amor intentando atrapar las palabras que digan lo de más.



Silvio Rodriguez. (1987).
El poeta que canta la nueva tradición trovadoresca.


...

No hay comentarios: