domingo, febrero 07, 2010

Un nuevo día

Desperte más temprano de lo acostumbrado porque tenía que ir ver al Sr. Minchón, quien se ha convertido en el hombre que soluciona mi fantabuloso mundo estadístico. Pues bien fui y me dio la mala noticia que tendra todo listo para mañana ... Sniffff! de vuelta al periplo de la tesis.. aishh!.

Ya de regreso en casa, luego de hacer malavares para saltar los charcos empozados en las veredas, mi mama me impide que vuelva a dormir porque en minutos ibamos a ir nada más y nada menos que a misa ssssssnif!. Como buena hija que soy (jo!) no me quedo más que poner buena cara e ir.

Bueno fuimos en el carro de mi papá avanzando muy lentamente, mientras mi mamá nos decía lo feliz que estaba porque ibamos todos a misa y era temprano. Llegamos, nos sentamos y empezo. Justo cuando me estaba enterando que la misa de hoy era ofrecida para los enfermos y el personal de salud, una señorita se le acerca a mi papá para pedirle que lleve una vela al altar como ofrenda, alegando que la razón es porque él es médico. Mi papá muy feliz dijo que sí. Y en medio de su felicidad dijo con un tono de orgullo: "mi hija también es médico", y yo pense: ohhh no! yoooo médico? pero no tengo título por lo tanto no lo soy jo!. Poco importo lo que pensé y la señorita dijo: "excelente entonces tú llevaras la otra vela" :( ... Bueno transcurrió la misa se dio lo de la ofrenda y todo era más de lo mismo hasta la historia "anecdótica" muy a lo sacerdotal que contó el padre: dice haber conocido a un señor que sabe Dios que enfermedad tenía que le impedia caminar sin ayuda de muletas, bueno este señor todos los domingos encontrándose hospitalizado iba a misa, la misa se celebraba en el tercer piso de cierto hospital de la capital, para ello subía las escaleras grada por grada en vez de usar el elevador, el padre le pregunta la razón de ello y este señor le contesta que lo hace para darle cólera a la enfermedad. Y luego vino la enseñanza sacerdotal correspondiente que marco el término de la misa.

Bueno despues de ello, ya haciendose algo clásico en los domingos, era hora de ir a comprar provisiones semanales. Llegamos. Me encontré con un buen amigo y también con el doc que me enseño el arte de los pulmones (que no recuerde ya no es su problema, así me dijo una vez). Poco a poco se fue llenando el carrito y poniéndose algo fruncido el seño de mi papá hasta que se completó cuando tocó pagar. Pensé en que quizás era mejor no acercarme, pero cambié de opinion cuando vi a una señora que le ofrecia una especie de cupones a mi papá. Bueno efectivamente eran unos cupones rosados que valían 25 soles cada uno y ella quería que los usemos y el efectivo se lo demos para que pueda comprar unas calaminas. Mi papá aceptó y todo salió bien, la señora se fue muy agradecida. Miré a mi papá y vi unas lagrimas caer, sólo me dijo que estaba muy feliz.

Ya en casa almorzamos platos muy variados ja!. Mi mamá nos dijo que a propósito de la misa se había acordado de las palabras de Walter, mi primo. Nos contó que en una oportunidad mientras lo cuidaba él le dijo: No entiendo porque los demás sufren al verme postrado en cama y dependiente de alguien, yo no sufro al contrario soy feliz, Dios me ha dado algo que la mayoría no entiende, sólo espero que cuando lo hagan la familia sea feliz. ... ...

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