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Tengo miedo, lo admito.
Esta vez exteriorizo esos pensamientos que inundan la densa negrura amarga del 12 de junio del 2011. Aaahhhhhhhhhhhhh que lejano se veía desde aquellos días donde aprendía que medicina también era matemática y biofísica. Qué lejano deslucías "crudo por venir", que horrible te ves a casi tres semanas irrefrenable y compulsivo 12 de junio del 2011.
Tengo miedo, lo admito. Me cuestiono, me desespero, leo, me desenfreno, reniego, resuelvo, leo, hostigo, lloro, leo, y lo único que consigo es devolverle plazos a mi libro fiel.
Tengo miedo y lo admito una vez, miedo a lo que a veces considero fracaso y otras veces benevolencia en el trato, miedo a la burla y la insensatez de aquellos que considero grandes en el arte del hablar, miedo a esa mirada que encierra un "te lo dije" por primera vez, miedo a esa falta de financiamiento perdido por dos años, miedo a esos 10 puntos que no tengo y que no tendré, miedo a ese día D en el que 200 preguntas y cuatro horas definirán que será de mi. Me parece irónico aún, soy médico y siento que no lo soy.
A veces sueño con que la resolución del siempre desagradecido SERUMS no llegue nunca o si se digna en llegar, lo haga a destiempo. Es desesperante los tantos documentos que presentar y sin información alguna que nos guíe. Son tantos datos que indagar, recolectar, ensamblar y presentar que mis endentros perezocientos se mantienen en un tiempo soporífero sin dudar. Me falta 1 dia de atención y me pregunto quién será mi último paciente como médico general (si todo sale bien).
Y sin terminar, vuelvo a sumergirme en las entrelíneas de mi coraje enardecido y conquisto mi lugar una vez más. Son más de 8 años repletos de libros y aún hay más por comenzar. Densos son mis días, algo borrosos en desesperación y un poco increíbles para mi razón. Termino una etapa de mi curso medicológico, una etapa agradable en mi profesión y en mi corazón, y a su vez una etapa suburbana en burocracia para mi precaria incursión. Estoy aprendiendo, estoy conociendo.
Termino con estas letras que no son mías,
pero que pintan verdades algo mías.
Arduo es el camino que ha de llevarme
a la grata conquista de mis aspiraciones.
Mas cuento con la furia del deseo
y con la fuerza de mí mismo.
Nada ha de distraerme en el vasto sendero
pues mis ojos miran erguidos el horizonte
buscando a esa estela que me guía.
Y sé que estaré allí porque me veo.
Me veo. Sí, puedo verme atravesando
las oscuras tinieblas, las lluvias torrenciales,
los terribles vientos huracanados
que me empujan hacia otros lugares.
Por eso lucharé contra corriente
en contra de mi voluntad caprichosa.
Y estaré allí, sé que estaré allí.
Y al mirar atrás sabré lo mucho que hice
lo mucho que me queda aún por hacer.
(Tácticas interiores)
Fernando Sánchez Mayo
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